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- ¿Casarme contigo? ¡Nunca!
- Bah, Mary... estás trastornada. Dame tan sólo una buena razón de esta negativa.
- ¡Te diré el porqué! ¡Porque yo soy una de esas personas a las que quieres perseguir!
Hubo otra pausa.
- Mary... no te encuentras bien.
- ¿Que no me encuentro bien? Estoy tan bien como pueda estarlo una persona a mi
edad. ¡Escúchame, estúpido! Tengo nietos que tienen dos veces tu edad. Ya estaba aquí
cuando el Primer Profeta se hizo con el país. Ya estaba aquí cuando Harriman lanzo el
primer cohete a la Luna. Tú ni siquiera eras un lloriqueante niño de pecho, tus abuelos ni
siquiera se habían conocido... cuando yo ya era una mujer casada. Y tú estás ahora aquí
y te propones irreflexivamente perseguir, incluso torturar, a mí y a mi gente. ¿Casarme
contigo? ¡Antes me casaría con uno de mis propios nietos!
Lazarus se tensó y deslizó su mano derecha tras el pliegue de su kilt; esperaba
problemas inmediatos. Uno puede esperar, reflexionó, que una mujer pierda la cabeza en
el momento más inadecuado.
Aguardó. La respuesta de Bork fue fría; los tonos del hombre acostumbrado a la
autoridad reemplazaron a los de la frustrada pasión.
- Tómatelo con calma, Mary. Siéntate. Cuidaré de ti. Primero quiero que te tomes un
sedante. Luego te llevaré al mejor psicoterapeuta de la ciudad... de todo el país. Te
pondrás bien.
- ¡Quita tus manos de mí!
- Pero, Mary...
Lazarus hizo su aparición en la sala de estar y apuntó a Vanning con su
desintegradora.
- ¿Este mono la está molestando, hermana? Vanning giró bruscamente la cabeza hacia
él.
- ¿Quién es usted? - preguntó indignado -. ¿Qué está haciendo aquí? Lazarus siguió
dirigiéndose a Mary:
- Dígamelo, hermana, y lo rebanaré a piezas tan pequeñas que podremos ocultarlas en
cualquier sitio.
- No, Lazarus - respondió ella con voz nuevamente controlada -. Gracias de todos
modos. Por favor, guarde su pistola. No me gustaría que ocurriera nada desagradable.
- De acuerdo. - Lazarus guardó la pistola, pero mantuvo la mano cerca de su
empuñadura.
- ¿Quién es usted? - repitió Vanning -. ¿Qué significa esta intrusión?
- Eso es precisamente lo que iba a preguntarle a usted, compañero - dijo Lazarus
suavemente -, aunque será mejor que lo déjelos correr. Soy otro de esos viejos tipos a los
que anda usted buscando... como Mary.
Vanning lo miró intensamente.
- Me pregunto... - dijo. Desvió sus ojos hacia Mary -. No puede ser, es absurdo. Sin
embargo... no estará de más investigar su historia. Hay muchas cosas que me gustaría
saber de él, de todos modos; nunca he visto un caso tan claro de atavismo antisocial.
- Se dirigió al videófono.
- Será mejor que se mantenga alejado de este aparato, compañero - dijo Lazarus
rápidamente; luego, dirigiéndose a Mary, añadió -: No voy a tocar mi pistola, hermana.
Usaré el cuchillo.
Vanning se detuvo.
- Muy bien - dijo, con tono aburrido -, deje esa vibrohoja. No llamaré desde aquí.
- Mire de nuevo, amigo: no es una vibrohoja. Es acero. Algo mucho más chapucero.
Vanning se giró hacia Mary Sperling.
- Me voy. Si eres lista, te vendrás conmigo. - Ella negó con la cabeza. Él pareció
irritado, se alzó de hombros, y se enfrentó con Lazarus Long -. En cuanto a usted, señor,
sus primitivos modales lo han puesto en un serio problema. Será arrestado dentro de muy
poco tiempo.
Lazarus miró hacia los postigos del techo transparente.
- Esto me recuerda a un patrón de Venusburg que pretendió en una ocasión
arrestarme.
- ¿Y bien?
- He sobrevivido bastante desde entonces.
Vanning abrió la boca para responder... luego se giró bruscamente y salió con tanta
prisa que la puerta de entrada apenas tuvo tiempo de abrirse antes de que la punta de su
nariz se aplastase contra ella. Mientras la puerta se cerraba tras él, Lazarus dijo
meditativamente:
- Es el tipo más difícil con quien razonar con el que me haya topado en años. Apostaría
a que nunca en su vida ha utilizado una cuchara que no estuviera esterilizada.
Mary pareció sorprendida, luego sonrió. Él se giró hacia ella.
- Me alegra verla algo más contenta, Mary. Me temí que estuviera asustada.
- Lo estaba. No sabía que usted estuviera escuchando. Me vi obligada a improvisar
sobre la marcha.
- ¿Cree que actué mal?
- No. Me alegro que saliera... gracias. Pero ahora tenemos que darnos prisa.
- Supongo que sí. Creo que ha dicho la verdad... pronto habrá aquí un agente en mi
busca. Y quizá también en la suya.
- Eso es lo que quería decir. Así que salgamos rápidamente de aquí.
Mary estuvo lista para irse en escasos minutos, pero cuando salieron al vestíbulo
público se tropezaron con un hombre cuyo brazalete y equipo hipodérmico lo identificaban
como un agente.
- Servicio - dijo -. Estoy buscando a un ciudadano que se halla en compañía de la
ciudadana Mary Sperling. ¿Pueden orientarme ustedes?
- Claro que sí - asintió Lazarus -. Vive exactamente allí. - Señaló hacia el extremo más
alejado del corredor. Mientras el oficial de paz miraba en aquella dirección, Lazarus le
golpeó cuidadosamente en la nuca, ligeramente a la izquierda, con la empuñadura de su
desintegradora, y lo asió mientras se derrumbaba.
Mary ayudó a Lazarus a meter la masa inerte en su apartamento. Lazarus se arrodilló
sobre el policía, tomó su equipo hipo - dérmico, preparó un inyectable y se lo administró.
- Así - dijo - lo mantendremos dormido durante unas cuantas horas. - Luego parpadeó
pensativamente mirando el equipo, lo soltó del cinturón del agente -. Puede que nos sea
útil de nuevo. De todos modos, no será perjudicial llevárnoslo. - Tras pensarlo un
momento más tomó el brazalete de paz del agente y se lo metió también en su bolsillo.
Abandonaron de nuevo el apartamento y bajaron hasta el nivel del aparcamiento.
Lazarus observó, mientras subían la rampa, que Mary había marcado la combinación de
la Playa Norte.
- ¿Dónde vamos? - preguntó.
- A la Sede de las Familias. No tenemos otro lugar donde ir en el que no seamos
identificados. Pero debemos ocultarnos en el campo hasta que se haga de noche.
Una vez el vehículo se halló dirigido al norte por el control automático, Mary se excusó
y se tomó unos minutos de sueño. Lazarus se dedicó a observar el paisaje durante unos
pocos kilómetros, luego también se adormeció.
Fueron despertados por el repiqueteo de la alarma de emergencia del control de tráfico
y la detención del vehículo. Mary se levantó y cortó la alarma.
- Todos los coches pasan por el control local - entonó una voz -. Sigan ustedes a una
velocidad de treinta kilómetros por hora hasta la siguiente torre de control de tráfico para
inspección. Toaos los coches deben pasar por el control local. Sigan a...
Cerró también la radio.
- Bien, ya los tenemos aquí - dijo Lazarus alegremente -. ¿Alguna idea?
Mary no respondió. Miró al exterior y estudió los alrededores. La valla de acero que
separaba la carretera controlada de alta velocidad donde ellos se hallaban de la de tráfico
local no controlada se hallaba a unos cincuenta metros a su derecha, pero no había
ninguna rampa de conexión interrumpiendo la valla en los próximos dos kilómetros... y
antes estaba, por supuesto, la torre de control a donde se les ordenaba dirigirse para
inspección Puso de nuevo el coche en marcha, operándolo manualmente, y culebreó por
entre el tráfico detenido o moviéndose a poca velocidad mientras aceleraba. Cuando
llegaron cerca de la barrera Lazarus se sintió hundir en el acolchado del asiento; el coche [ Pobierz całość w formacie PDF ]

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